
Una época magnífica para los músicos

Texto de Diego Melo (DM). Publicado en este blog con autorización del autor.
Creo que estamos entrando en una época magnífica para los músicos…
Y para los escritores.
Y para los pintores.
Y para los comediantes.
Y para cualquiera que conserve la extraña costumbre de pensar…
Las épocas gobernadas por idiotas suelen ser extraordinariamente productivas para el arte.
La historia está llena de ejemplos…
Nerón quería controlar Roma y terminó financiando siglos de literatura…
Los inquisidores quisieron controlar las ideas y terminaron produciendo bibliotecas enteras de herejes…
Los censores han sido, sin proponérselo, algunos de los más grandes promotores culturales de la historia.
Es un talento admirable…
Cada vez que intentan apagar una vela terminan inventando un incendio.
Por eso observo con fascinación a quienes creen que la fuerza bruta puede derrotar a la imaginación.
Es como intentar arrestar una melodía.
Como encarcelar una metáfora.
Como prohibir que las nubes adopten determinadas formas.
Hay algo profundamente cómico en ello…
Los autoritarios siempre imaginan que gobiernan el mundo.
Y mientras tanto un poeta desconocido escribe un verso en una libreta barata que sobrevivirá más tiempo que todos sus discursos.
Shakespeare sigue vendiendo entradas…
Los burócratas que gobernaban Inglaterra en su época no.
William Blake continúa incendiando cerebros dos siglos después…
La mayoría de los políticos contemporáneos de Blake son polvo arqueológico.
La eternidad tiene un pésimo sentido del protocolo.
No respeta cargos públicos.
Ni uniformes.
Ni himnos.
Ni ruedas de prensa.
Solo recuerda las buenas historias.
Por eso sospecho que los próximos años exigirán una disciplina distinta…
No la disciplina del militante.
No la del fanático.
No la del profeta de redes sociales.
¡La disciplina del jardinero!
Plantar libros…
Plantar canciones…
Plantar conversaciones…
Plantar amistad…
Plantar belleza en medio del basurero…
Porque el odio es sorprendentemente estéril.
Hace mucho ruido.
Ocupa mucho espacio.
Pero produce muy poco…
La belleza, en cambio, tiene una costumbre irritante para los tiranos: se reproduce.
Una canción se convierte en diez.
Un libro se convierte en cien.
Una idea se convierte en miles.
Y de repente todo el edificio de la estupidez comienza a parecer sospechosamente frágil…
Así que tengo una propuesta.
Durante los próximos años procuremos no volvernos imbéciles…
Ya hay suficientes voluntarios para ese trabajo.
Leamos más.
Escuchemos más música.
Escribamos más poemas.
Aprendamos cosas inútiles.
Conversemos con personas interesantes…
Cultivemos el humor negro.
Y cuando los vendedores de miedo aparezcan con sus mercancías habituales, hagamos lo que la humanidad ha hecho desde las cavernas:
Reunirnos alrededor del fuego.
Contar historias.
Y reírnos de ellos…
Porque pocas cosas envejecen peor que los imperios de los necios.
Y pocas cosas sobreviven mejor que una buena canción…
DM
