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Proksanty: un viaje al origen del cacao en Nilo, Cundinamarca

Proksanty: un viaje al origen del cacao en Nilo, Cundinamarca

2026-07-30·8 min read·
#Proksanty#cacao#Nilo Cundinamarca#Alto Magdalena#finca cacaotera#Stella Noba#productos derivados del cacao#chucula#turismo rural
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Hay viajes cortos que rinden como si fueran largos. Este es uno de ellos: decidí salir desde Anapoima, Cundinamarca, sin más plan que llegar hasta una finca productora de cacao de la que había oído hablar. En menos de dos horas de camino, ya estaba entrando a Pueblo Nuevo, centro poblado y vereda del municipio de Nilo, en la provincia del Alto Magdalena. Ahí, entre montaña y cacaotales, queda Proksanty, la finca que le da vida la señora Stella Noba.

Lo que sigue es la crónica de ese día: la llegada, el proceso completo del cacao —desde la siembra hasta el grano tostado—, los productos que se fabrican allí, y el camino de regreso, cruzando dos puentes sobre el río Bogotá con Tocaima asomando a lo lejos.

La llegada a Proksanty

El acceso es sencillo: un camino destapado, entre vegetación tupida, marcado apenas por un letrero de madera con el nombre de la finca tallado a mano.

El letrero de madera de "Proksanty" a la entrada de la finca, sobre el camino destapado rodeado de vegetación.
El letrero de madera de "Proksanty" a la entrada de la finca, sobre el camino destapado rodeado de vegetación.

Dentro de la finca hay también una cabaña de madera, sencilla y acogedora, levantada entre los árboles como refugio para quienes llegan de visita.

Una cabaña de madera dentro de la finca, entre árboles y vegetación.
Una cabaña de madera dentro de la finca, entre árboles y vegetación.

Y no muy lejos, un mirador elevado en madera —una suerte de cabaña sobre pilotes junto a un árbol gigante— invita a quedarse un rato contemplando el verde de alrededor.

Un mirador de madera construido junto a un árbol enorme, en medio del bosque de la finca.
Un mirador de madera construido junto a un árbol enorme, en medio del bosque de la finca.

Stella me recibió con una calidez que se siente poco: la de alguien que disfruta genuinamente compartir lo que ha construido con sus propias manos. Entre orquídeas moradas colgando de los árboles del patio, empezó el recorrido.

Una orquídea de flores moradas colgando en el patio de la finca.
Una orquídea de flores moradas colgando en el patio de la finca.

Del árbol a la mazorca: la siembra y las variedades

Todo empieza en el árbol. El cacaotero crece sembrado entre la sombra de otros árboles más altos, con sus mazorcas colgando directamente del tronco y de las ramas gruesas —una característica que sorprende a quien lo ve por primera vez.

Un árbol de cacao con varias mazorcas colgando de sus ramas, en plena producción.
Un árbol de cacao con varias mazorcas colgando de sus ramas, en plena producción.

Ahí aprendí algo que no sabía: el color de la mazorca no indica si está madura o no, sino la variedad de cacao. En Proksanty conviven varias, y verlas juntas es un espectáculo de color: amarillo, verde, naranja y un rojo profundo casi púrpura.

Cuatro mazorcas de cacao de distintas variedades —amarilla, verde, naranja y roja— dispuestas sobre una tabla de madera.
Cuatro mazorcas de cacao de distintas variedades —amarilla, verde, naranja y roja— dispuestas sobre una tabla de madera.
La misma selección de mazorcas de cacao, vista desde otro ángulo.
La misma selección de mazorcas de cacao, vista desde otro ángulo.

Stella y su equipo suelen armar estas composiciones para mostrar la diversidad de la cosecha: un abanico de mazorcas de colores sobre hojas de plátano,

Mazorcas de cacao de varios colores dispuestas en abanico sobre hojas verdes.
Mazorcas de cacao de varios colores dispuestas en abanico sobre hojas verdes.

y una canasta llena hasta el borde, recién bajada del cultivo.

Una canasta de fibra llena de mazorcas de cacao de distintos colores.
Una canasta de fibra llena de mazorcas de cacao de distintos colores.

La cosecha: abrir la mazorca y probar la pulpa

Después de la cosecha viene el momento que más me marcó: abrir una mazorca recién cortada. Por dentro no hay nada parecido al chocolate —hay una pulpa blanca, jugosa y dulce, envolviendo hileras de semillas moradas. Esa pulpa (el mucílago) se come directamente, chupando cada semilla como si fuera una fruta cualquiera.

Una mazorca de cacao abierta a la mitad, mostrando la pulpa blanca y las semillas moradas en su interior.
Una mazorca de cacao abierta a la mitad, mostrando la pulpa blanca y las semillas moradas en su interior.
Otra mazorca abierta, con las hileras de semillas envueltas en pulpa blanca.
Otra mazorca abierta, con las hileras de semillas envueltas en pulpa blanca.
Detalle de la pulpa y las semillas de cacao recién extraídas de la mazorca.
Detalle de la pulpa y las semillas de cacao recién extraídas de la mazorca.
Sosteniendo la mazorca abierta para mostrar el corte transversal de la pulpa.
Sosteniendo la mazorca abierta para mostrar el corte transversal de la pulpa.

Fermentación, secado y tueste: donde nace el sabor

De ahí, las semillas con todo y pulpa pasan a un área dedicada exclusivamente a este paso —un cajón techado, marcado con un letrero hecho a mano.

Letrero de madera que dice "Área de fermentación", en la entrada del espacio dedicado a este proceso.
Letrero de madera que dice "Área de fermentación", en la entrada del espacio dedicado a este proceso.

La fermentación es lo que realmente le da al cacao su carácter: sin ella, el grano se queda amargo y plano; con ella, aparecen los precursores de aroma y sabor que luego el tueste termina de revelar. Tras varios días fermentando, el grano sale a secar al sol sobre zarandas de malla.

Granos de cacao fermentados, extendidos sobre una zaranda de malla para secar al sol.
Granos de cacao fermentados, extendidos sobre una zaranda de malla para secar al sol.

Ya seco, el grano pasa al tueste en un tostador artesanal —un tambor giratorio, con su propio sistema de mezcla interna, que va rotando el cacao sobre el fuego hasta lograr el punto exacto.

El tostador artesanal de cacao, un tambor metálico giratorio sobre una base con motor.
El tostador artesanal de cacao, un tambor metálico giratorio sobre una base con motor.
Vista interior del tostador, con las paletas metálicas que remueven el grano mientras tuesta.

Todo el proceso ocurre bajo un techo de zinc, en una construcción abierta que deja ver, al fondo, las montañas del Alto Magdalena.

El techo de zinc del área de proceso, con las montañas verdes del Alto Magdalena de fondo.
El techo de zinc del área de proceso, con las montañas verdes del Alto Magdalena de fondo.

Y como en toda finca que se respeta, las gallinas circulan libremente entre las instalaciones, sin prisa, como si también hicieran parte del proceso.

Gallinas caminando libremente por el patio de la finca.

Entre los detalles artesanales de la finca, también hay pequeños recipientes de barro, útiles para tener siempre a mano una hoja fresca o cualquier detalle natural del cultivo.

Un recipiente de barro con una hoja verde dentro.
Un recipiente de barro con una hoja verde dentro.

Nibs, chocolate y más: los derivados

El grano tostado se parte y se separa de la cáscara para obtener los nibs de Proksanty, que en realidad son una mezcla de cacao, panela y coco —no cacao puro—, trozos crocantes con un dulzor natural propio. Stella los guarda en frascos etiquetados, listos para vender. También vende el grano tostado entero, listo para comer directamente como pasabocas, sin necesidad de partirlo ni molerlo.

Un frasco de vidrio lleno de nibs de cacao tostado.
Un frasco de vidrio lleno de nibs de cacao tostado.
Otro frasco de nibs de cacao, mostrando la textura del grano partido.
Otro frasco de nibs de cacao, mostrando la textura del grano partido.
Un solo nib de cacao tostado sostenido entre los dedos, mostrando su tamaño real.
Un solo nib de cacao tostado sostenido entre los dedos, mostrando su tamaño real.
Frasco metálico con la etiqueta amarilla y roja de "Proksanty — Nips", con los datos de contacto de la finca.
Frasco metálico con la etiqueta amarilla y roja de "Proksanty — Nips", con los datos de contacto de la finca.

Molido, el cacao se convierte en la base de las barras de chocolate artesanal que también se producen en la finca, empacadas y selladas con la marca Proksanty.

Barras de chocolate artesanal empacadas, con la etiqueta amarilla de Proksanty.
Barras de chocolate artesanal empacadas, con la etiqueta amarilla de Proksanty.

Velas, jabones y vino: más allá de la taza

Lo que más me sorprendió de Proksanty es que el cacao no se queda solo en la cocina. Stella también elabora jabón artesanal de cacao, en barra, amarrado con una astilla de palo santo.

Una barra de jabón artesanal de cacao, de color naranja intenso, amarrada con una astilla de palo santo y con la etiqueta de Proksanty.
Una barra de jabón artesanal de cacao, de color naranja intenso, amarrada con una astilla de palo santo y con la etiqueta de Proksanty.
Dos barras del mismo jabón artesanal de cacao, presentadas sobre una tabla de madera.
Dos barras del mismo jabón artesanal de cacao, presentadas sobre una tabla de madera.

También hace velas aromáticas de cera de soya —no de parafina—: la cera natural se combina con trocitos de cáscara de cacao, decoradas con astillas de canela y amarradas a mano con fibra natural.

Una vela aromática de cera de soya en vaso de vidrio, con trocitos de cáscara de cacao y astillas de canela amarradas con fibra natural.
Una vela aromática de cera de soya en vaso de vidrio, con trocitos de cáscara de cacao y astillas de canela amarradas con fibra natural.
Otra vela aromática de cera de soya, con nibs de cacao esparcidos sobre la superficie.
Otra vela aromática de cera de soya, con nibs de cacao esparcidos sobre la superficie.

Y guardado en un mueble antiguo, descubrí el producto que menos esperaba: vino de cacao, embotellado y etiquetado, con su graduación alcohólica marcada en la etiqueta.

Botellas de vino de cacao "Proksanty" —13% de alcohol— exhibidas en un mueble de madera, junto a frascos de nibs.
Botellas de vino de cacao "Proksanty" —13% de alcohol— exhibidas en un mueble de madera, junto a frascos de nibs.

Todo listo para empacar: bolsas de grano tostado alineadas sobre la mesa, cada una con su sello de garantía.

Varias bolsas selladas de cacao tostado Proksanty, alineadas sobre una mesa.
Varias bolsas selladas de cacao tostado Proksanty, alineadas sobre una mesa.
Una bolsa de cacao tostado Proksanty, con su etiqueta y sello de calidad.
Una bolsa de cacao tostado Proksanty, con su etiqueta y sello de calidad.

Y la mesa completa, con toda la línea de productos servida sobre hojas de plátano: bolsas de grano, botellas, y mazorcas abiertas mostrando el contraste entre la pulpa fresca y el grano ya tostado.

Mesa con toda la línea de productos Proksanty servida sobre hojas de plátano: bolsas, botellas y mazorcas abiertas.
Mesa con toda la línea de productos Proksanty servida sobre hojas de plátano: bolsas, botellas y mazorcas abiertas.

Detrás del vidrio de una vitrina, alcancé a ver también el momento en que se organiza y empaca cada pedido, con calma y cuidado artesanal.

Reflejo en el vidrio de una vitrina donde se organiza el empaque de los productos.
Reflejo en el vidrio de una vitrina donde se organiza el empaque de los productos.

Los beneficios del cacao, en palabras de Proksanty

Antes de irme, Stella me mostró el afiche que resume por qué vale la pena incluir el cacao en la dieta diaria: salud cardiovascular, mejor estado de ánimo, poder antioxidante, energía natural, sistema inmunológico, digestión y beneficios para la piel. Ese mismo afiche tiene sus datos de contacto —los mismos que dejo más abajo.

Afiche informativo "Beneficios del cacao" de Proksanty, con los datos de contacto de la finca La Esperanza.
Afiche informativo "Beneficios del cacao" de Proksanty, con los datos de contacto de la finca La Esperanza.

El regreso: puentes sobre el río Bogotá

De vuelta al camino, el paisaje del Alto Magdalena se despliega en toda su dimensión: montañas boscosas que se levantan abruptas junto a la vía.

Una montaña boscosa se levanta junto a la carretera, vista desde el camino de regreso.
Una montaña boscosa se levanta junto a la carretera, vista desde el camino de regreso.
Otra vista de la vegetación y las montañas que rodean la vía de salida de la finca.
Otra vista de la vegetación y las montañas que rodean la vía de salida de la finca.

El camino pasa junto a una formación rocosa característica de la zona, antes de entrar de nuevo al caserío de Pueblo Nuevo.

Un cerro con una formación rocosa expuesta, visible desde la construcción a la salida de Pueblo Nuevo.
Un cerro con una formación rocosa expuesta, visible desde la construcción a la salida de Pueblo Nuevo.

Ya en el caserío, el letrero de bienvenida no podía faltar como foto de rigor.

Selfie con casco de moto junto al letrero de "Pueblo Nuevo" con un corazón.
Selfie con casco de moto junto al letrero de "Pueblo Nuevo" con un corazón.

Un poco más adelante, otro letrero: "Yo ❤ Nilo", el municipio al que pertenece toda esta vereda.

Selfie junto al letrero "Yo amo Nilo", en la entrada del municipio.
Selfie junto al letrero "Yo amo Nilo", en la entrada del municipio.

Y de vuelta en la vía destapada, entre árboles a lado y lado, con el tablero de la moto marcando el ritmo del regreso.

Vista desde el tablero de la moto, sobre una vía destapada rodeada de árboles.
Vista desde el tablero de la moto, sobre una vía destapada rodeada de árboles.

El momento más bonito del regreso llegó al cruzar el puente de los Suspiros, un puente peatonal colgante que atraviesa el río Bogotá justo antes de su paso por esta región, con las montañas del Alto Magdalena de telón de fondo.

El puente de los Suspiros, un puente colgante peatonal sobre el río Bogotá, con las montañas al fondo.
El puente de los Suspiros, un puente colgante peatonal sobre el río Bogotá, con las montañas al fondo.

Justo al lado, el puente Antonio Nariño cruza el mismo río por la vía vehicular, con su estructura metálica reticulada recortada contra el sol del mediodía. Desde ahí, a lo lejos, se alcanza a ver el municipio de Tocaima.

El puente Antonio Nariño, de estructura metálica, sobre el río Bogotá, con el sol de mediodía de frente.
El puente Antonio Nariño, de estructura metálica, sobre el río Bogotá, con el sol de mediodía de frente.

Antes de cerrar el capítulo del regreso, una última selfie en la plaza principal de Nilo, Cundinamarca, todavía con el casco puesto y la sensación de haber aprendido mucho más de lo que esperaba en un solo día.

Selfie en la plaza principal de Nilo, Cundinamarca, junto a un monumento, todavía con el casco de moto puesto.
Selfie en la plaza principal de Nilo, Cundinamarca, junto a un monumento, todavía con el casco de moto puesto.

Cacao selecto para la chucula de los 7 granos

Antes de despedirme, no me fui con las manos vacías: compré cacao selecto sin tostar, elegido grano por grano, que será la materia prima de un proyecto propio que estoy empezando a construir: chucula de los 7 granos. Ese cacao de Proksanty es, literalmente, el punto de partida de ese emprendimiento — muy pronto voy a contar aquí toda esa historia.

Cómo comprar los productos de Proksanty

Si después de leer esto te dieron ganas de probar el cacao de Stella —velas aromáticas de cera de soya, cacao verde, cacao tostado listo para comer, cacao tostado molido, nibs de cacao con panela y coco, vino de cacao, jabón de cacao y más— estos son sus datos de contacto directo:

Proksanty — Procesadora de Cacao Finca La Esperanza, vereda Margaritas Nilo, Cundinamarca

📞 311 582 5265 · 305 417 1026 ✉️ [email protected]

La marca Proksanty

Proksanty también tiene su propia identidad de marca ya definida, lista para acompañar cada producto que sale de la finca: desde la ropa hasta el empaque de cada bolsa de cacao.

Camisetas negras con el logo de Proksanty estampado al frente y en la espalda.
Camisetas negras con el logo de Proksanty estampado al frente y en la espalda.
Empaques de marca Proksanty: cajas de cartón kraft y bolsas de cacao de distintos tamaños, todos con el logo impreso.
Empaques de marca Proksanty: cajas de cartón kraft y bolsas de cacao de distintos tamaños, todos con el logo impreso.

Hasta la próxima mazorca

Salí de Anapoima sin saber muy bien qué esperar, y volví con la cabeza llena del proceso completo del cacao, el corazón lleno de la calidez de Stella Noba, y un costal con la materia prima de mi próximo proyecto. Ese es, quizás, el mejor resumen de lo que fue este viaje: menos de dos horas de camino para descubrir todo un mundo que empieza en un árbol y termina en un frasco de nibs, una barra de jabón o una copa de vino de cacao.

Si conoces Proksanty, si eres de Nilo, o si simplemente esta historia te dio ganas de conocer el Alto Magdalena, escríbeme por los medios de contacto del sitio. Con gusto te cuento más.

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