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Chucula de los 7 granos: la receta ancestral que queremos revivir

Chucula de los 7 granos: la receta ancestral que queremos revivir

2026-07-31·12 min read·
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Hay recetas que sobreviven porque alguien se niega a dejarlas morir. Esta es una de ellas: la chucula de los siete granos, una bebida-alimento ancestral del altiplano cundiboyacense que hoy estamos reviviendo desde Tocaima, Cundinamarca, de la mano de mujeres que aprendieron la receta de sus mayores y con la ciencia de la manipulación segura de alimentos que aprendimos en el SENA.

Esta entrada reúne todo: la historia de origen, la receta completa, la crónica —casi un guion— de la jornada en la que la preparamos por primera vez con fines de emprendimiento, la tabla nutricional que estamos construyendo con base en fuentes bibliográficas, y la propuesta formal de lanzamiento para las Ferias de San Jacinto en Tocaima.

De dónde nace: un laboratorio final que se volvió propósito

Esta experiencia nació como el laboratorio final del curso de manipulación de alimentos del SENA. La práctica de cierre que elegimos —en lugar de un ejercicio genérico— fue la elaboración de una receta ancestral: la chucula de los siete granos, un alimento tradicional del altiplano cundiboyacense que casi nadie por debajo de cierta edad conoce ya.

Lo que empezó como una práctica de curso terminó revelando algo más grande: la posibilidad de convertir ese conocimiento ancestral en un emprendimiento real, nacido en Tocaima y hecho por mujeres que conocen la receta típica de memoria, de generación en generación.

La receta: cacao tostado y siete granos

La chucula de los siete granos lleva cacao tostado y molido, junto a siete granos que también se tuestan, muelen y ciernen por separado:

  • Garbanzo
  • Maíz
  • Cebada
  • Frijol de soya
  • Lenteja
  • Arveja verde seca
  • Haba

Cada grano se tuesta pacientemente, se muele y se cierne hasta lograr una harina muy fina, fácil de mezclar y de disolver. Al final, la mezcla se endulza con melao de panela, y de forma opcional lleva especias como anís, nuez moscada, clavo de olor y canela, que le dan calidez y carácter.

El resultado, una vez cocida la mezcla y formada en pequeñas bolas, es un alimento denso, nutritivo y con un sabor que no se parece a nada procesado: sabe a los siete granos y al cacao que le dieron origen, y a la panela que lo endulza.

Guion interpretativo: crónica de un día en la cocina

Tocaima, 16 de julio de 2026. Una cocina de barrio se convierte, por un día, en laboratorio de alimentos.

El fuego abre la escena

Un sartén de metal, un fogón encendido. Cientos de garbanzos secos caen sobre el metal caliente y empiezan a bailar.

Todo empieza con el tueste. No hay atajos: cada grano tiene su propio tiempo, su propio punto exacto antes de quemarse. El garbanzo es el primero en entrar al fuego.

Garbanzos secos tostándose en un sartén de metal sobre la estufa.
Garbanzos secos tostándose en un sartén de metal sobre la estufa.

El molino y la harina

Un molino eléctrico gira. El grano tostado entra entero y sale convertido en un polvo fino, dorado, casi impalpable.

Moler no es solo triturar: es el momento en que cada grano deja de ser grano y se convierte en harina, en la materia prima real de la chucula. Cuanto más fina queda, más fácil se disuelve después.

Harina fina y dorada de uno de los granos tostados, recién molida, sostenida sobre un plato.
Harina fina y dorada de uno de los granos tostados, recién molida, sostenida sobre un plato.
El molino eléctrico con la harina recién procesada en su recipiente.
El molino eléctrico con la harina recién procesada en su recipiente.

Todas las manos a la olla

Varias personas, en fila frente a la estufa, cada una con su propia olla. Guantes, tapabocas, cofias: la disciplina de la manipulación de alimentos convertida en gesto cotidiano.

Este no fue un trabajo de una sola persona. Fuimos varias manos moviendo varias ollas al mismo tiempo, cada quien responsable de su punto de cocción, todos con la misma disciplina que nos enseñaron en el curso: guantes, cofia, tapabocas, superficies limpias. La receta ancestral, hecha con los estándares de hoy.

Una integrante del equipo, con cofia azul y tapabocas, revolviendo la mezcla en una olla sobre la estufa.
Una integrante del equipo, con cofia azul y tapabocas, revolviendo la mezcla en una olla sobre la estufa.
Otra integrante, con cofia y tapabocas, removiendo su olla en el fogón.
Otra integrante, con cofia y tapabocas, removiendo su olla en el fogón.

El punto de la mezcla

El vapor sube. La harina de los siete granos, el cacao, el melao de panela y las especias se encuentran por fin en la misma olla.

Ahí es donde la chucula deja de ser un conjunto de ingredientes sueltos y se convierte en una sola cosa: el melao de panela liga toda la harina, el cacao le da cuerpo y las especias —anís, canela, clavo, nuez moscada— terminan de redondear el aroma.

Preparación de la mezcla de chucula en una olla sobre el fogón.
Preparación de la mezcla de chucula en una olla sobre el fogón.
Dos personas más del equipo, en uniforme blanco, revolviendo sus respectivas ollas.
Dos personas más del equipo, en uniforme blanco, revolviendo sus respectivas ollas.

Una pausa para mirar de cerca

Un solo grano, ya tostado, sostenido sobre una mano enguantada. Un instante de pausa en medio de la jornada.

A veces hay que parar y mirar de cerca lo que se está transformando: un solo grano, todavía reconocible, a minutos de convertirse en algo completamente distinto.

Uno de los siete granos, ya tostado, sostenido sobre una mano con guante.
Uno de los siete granos, ya tostado, sostenido sobre una mano con guante.

Formar con las manos

La mezcla ya está en su punto: espesa, oscura, brillante de melao. Manos enguantadas toman porciones y las convierten, una por una, en pequeñas esferas.

Formar las bolas a mano es el paso más lento y, para mí, el más bonito: cada una sale distinta, con su propia huella dactilar, literalmente hecha a mano.

Manos con guantes negros formando la mezcla de chucula en bolas, sobre una olla con la masa restante.
Manos con guantes negros formando la mezcla de chucula en bolas, sobre una olla con la masa restante.
Video del proceso de amasado y formado de las bolas de chucula a varias manos.

El resultado, brillando en la bandeja

Decenas de bolas oscuras, brillantes, recién formadas, se acomodan en bandejas de metal. La luz de la cocina se refleja en cada una como si fuera una piedra pulida.

Este fue el momento que más se sintió como una victoria: ver todas esas bolas juntas, brillantes, uniformes, y saber que ahí estaba resumido todo el trabajo del día —siete granos, un cacao, muchas manos y una receta que casi se pierde.

Bandeja llena de bolas de chucula recién formadas, brillantes por el melao de panela.
Bandeja llena de bolas de chucula recién formadas, brillantes por el melao de panela.
Otra bandeja de bolas de chucula terminadas, vista desde otro ángulo.
Otra bandeja de bolas de chucula terminadas, vista desde otro ángulo.
Primer plano de las bolas de chucula terminadas, mostrando su textura brillante y granulada.
Primer plano de las bolas de chucula terminadas, mostrando su textura brillante y granulada.

Cierre de jornada

Las últimas bandejas se acomodan, algunas junto al colador que sirvió para cernir la harina horas antes. El cierre del círculo: del grano crudo a la bola terminada, en una sola cocina, en un solo día.

Cerramos la jornada con las bandejas llenas y la certeza de que esto no se quedaba solo en una nota del curso: esto merecía convertirse en algo más.

Bandeja de bolas de chucula terminadas junto al colador usado para cernir la harina.
Bandeja de bolas de chucula terminadas junto al colador usado para cernir la harina.
Bandeja final de bolas de chucula, acomodadas en círculo, lista para presentar.
Bandeja final de bolas de chucula, acomodadas en círculo, lista para presentar.

Días después, una de las mujeres que dominan la receta —y que hoy hace parte del equipo— sostuvo con orgullo dos bandejas llenas del producto terminado. Esa imagen resume, mejor que cualquier otra, lo que queremos construir.

Una integrante del equipo sostiene con orgullo dos bandejas llenas de bolas de chucula terminadas.
Una integrante del equipo sostiene con orgullo dos bandejas llenas de bolas de chucula terminadas.

Por qué nace este emprendimiento

La idea de emprender con la chucula nació de una necesidad muy concreta: ofrecer un alimento funcional con una fórmula mejorada de granos, a un precio accesible para todo público —desde los padres que se preocupan por la alimentación de sus hijos, hasta deportistas de alto rendimiento que buscan energía de calidad sin químicos.

El emprendimiento nace en Tocaima, Cundinamarca, hecho por mujeres conocedoras de la receta típica del altiplano cundiboyacense, con el deseo firme de revivir una preparación ancestral que, en casi todos los sentidos, es superior a las pastillas ultraprocesadas de harina de cereal que dominan el mercado actual —llenas de conservantes, aceites poco saludables, saborizantes y endulzantes artificiales.

Esta receta se hace con amor, desde el corazón, con la firme convicción de construir un mundo más saludable, que valore más nuestras raíces ancestrales y a nuestra madre naturaleza.

Ilustración de marca: un cuenco de barro con chucula humeante, rodeado de mazorcas, cacao y granos.
Ilustración de marca: un cuenco de barro con chucula humeante, rodeado de mazorcas, cacao y granos.

Tabla nutricional: lo que aporta cada taza

Antes del lanzamiento queremos ser transparentes sobre lo que hay dentro de cada bolita de chucula. Lo que sigue no es un análisis de laboratorio de este lote específico —eso vendrá antes del rotulado comercial final, como exige la normativa—, sino una estimación construida con literatura científica (USDA FoodData Central y tablas de composición de alimentos derivadas de ella) sobre la fórmula de referencia que estamos afinando para el lanzamiento: 1 parte de cacao por cada 1,5 partes de los siete granos (en partes iguales entre garbanzo, maíz, cebada, frijol de soya, lenteja, arveja verde seca y haba), a la que se suman chía y ajonjolí negro, cada uno en proporción de 100 g por cada 1.000 g de cacao. Ese conjunto de sólidos (cacao + granos + chía + ajonjolí) representa el 70 % de la mezcla; el otro 30 % es melao de panela como endulzante, más un margen para las especias. Esta proporción todavía se está afinando, así que estos valores son una guía seria, no una promesa regulatoria.

La presentación de lanzamiento es de 45 g = 2 porciones (2 tazas) de 22,5 g cada una.

Perfil nutricional del polvo base, por 100 g y por porción

NutrientePor 100 gPor porción (22,5 g)% VDR* (100 g)
Energía325 kcal73 kcal16 %
Proteína14,5 g3,3 g29 %
Grasa total7,6 g1,7 g12 %
Carbohidratos64,7 g14,6 g22 %
Fibra dietaria16,7 g3,8 g67 %
Calcio125 mg28 mg13 %
Hierro7,7 mg1,7 mg43 %
Magnesio216 mg49 mg51 %
Fósforo371 mg83 mg30 %
Potasio1.011 mg228 mg29 %
Sodio17 mg4 mg1 %
Zinc3,5 mg0,8 mg31 %
Cobre1,5 mg0,3 mg168 %
Manganeso1,9 mg0,4 mg80 %
Selenio11,0 µg2,5 µg20 %

*% VDR: valores diarios de referencia para un adulto promedio (2000 kcal), según las referencias usadas habitualmente en Colombia y Codex Alimentarius.

Lo que salta a la vista —y es, literalmente, la mejor razón para tomar chucula en vez de un instantáneo de cereal ultraprocesado— es la concentración de oligoelementos: el cobre casi triplica el 100 % del valor diario de referencia en 100 g de producto, el manganeso llega al 80 %, y el magnesio y el hierro rondan la mitad. La chía y el ajonjolí negro no son un detalle menor en esto: ambos son de los alimentos vegetales con más calcio, magnesio y fibra que existen, y suben notablemente el perfil mineral y la fibra dietaria frente a una fórmula de solo cacao y granos. Son minerales que la combinación de leguminosas (garbanzo, soya, lenteja, arveja, haba), cereal (maíz, cebada), semillas (chía, ajonjolí) y cacao aporta de forma naturalmente sinérgica, sin necesidad de fortificación artificial.

Cómo cambia según el líquido de preparación

Una taza no es solo el polvo: también es lo que uses para prepararla. Estos son los tres escenarios más comunes —agua, leche entera y caldo de mano de res—, calculados para una taza de 200 ml con una porción de 22,5 g de producto:

Por taza preparada (200 ml + 22,5 g de producto)En aguaEn leche enteraEn caldo de mano de res
Energía73 kcal195 kcal103 kcal
Proteína3,3 g9,6 g10,3 g
Grasa1,7 g8,2 g2,7 g
Carbohidratos14,6 g24,2 g14,6 g
Calcio28 mg254 mg44 mg
Fósforo83 mg251 mg99 mg
Magnesio49 mg69 mg53 mg
Potasio228 mg508 mg328 mg
Sodio4 mg84 mg121–521 mg**

**El sodio del caldo de mano de res varía mucho según si se prepara sin sal o con la sazón casera habitual; por eso se muestra como rango.

  • En agua: la opción más ligera y la que mejor deja hablar al sabor de los siete granos, el cacao y las semillas; conserva intacto el perfil de minerales del polvo, sin nada adicional.
  • En leche entera: duplica y media la energía y dispara el calcio y el fósforo —una combinación clásica para el desayuno de niños en crecimiento o para después de entrenar—, gracias al aporte de calcio, proteína completa y vitaminas A, D y B12 de la leche.
  • En caldo de mano de res: la opción más tradicional del altiplano y también la más interesante nutricionalmente —aporta la mayor cantidad de proteína de las tres gracias al colágeno, la glicina y la prolina que suelta la mano de res durante la cocción larga, además de minerales adicionales—; es también la preparación reconfortante por excelencia en clima frío.

Hierro, zinc, cobre, manganeso y selenio vienen prácticamente en su totalidad del polvo de los siete granos, el cacao, la chía y el ajonjolí —el líquido de preparación apenas los modifica—, así que esos números se mantienen estables sin importar cómo la prepares.

Sources:

La marca en construcción

La identidad de marca todavía está en construcción —el nombre definitivo no está cerrado— pero ya hay una primera exploración visual que rescata la iconografía muisca del altiplano cundiboyacense, de donde viene la receta, para envolver un producto profundamente contemporáneo en su propósito: alimentación funcional, consciente y accesible.

Primera exploración de marca: un sello circular con un cuenco de chucula humeante, iconografía muisca y granos de cacao.
Primera exploración de marca: un sello circular con un cuenco de chucula humeante, iconografía muisca y granos de cacao.

Propuesta de lanzamiento

Producto: Chucula de los 7 granos, en presentación de 45 g (2 porciones / 2 tazas), lista para preparar en agua, leche o caldo de mano de res.

Propuesta de valor: Alimento funcional ancestral, hecho a mano con cacao y siete granos tostados, molidos y cernidos artesanalmente, endulzado con melao de panela y especias naturales —sin conservantes, sin aceites ultraprocesados, sin saborizantes ni endulzantes artificiales.

Origen: Tocaima, Cundinamarca, elaborado por mujeres conocedoras de la receta ancestral del altiplano cundiboyacense.

Público objetivo: Familias que cuidan la alimentación de sus hijos, adultos mayores, personas con estilos de vida activos y deportistas de alto rendimiento que buscan energía real, y todo público que valore un precio accesible junto a un alimento genuinamente nutritivo.

Diferenciación: Receta ancestral revivida —no reinventada—, con una fórmula mejorada frente a la chucula tradicional y muy superior, en composición, a las bebidas instantáneas de cereal ultraprocesadas del mercado.

Estado actual: Receta validada en laboratorio (curso de manipulación de alimentos, SENA), identidad de marca y nombre definitivo todavía en construcción.

Plan de lanzamiento: Presentación oficial en las Ferias de San Jacinto, Tocaima (Cundinamarca), a mediados de agosto de 2026. Se está evaluando abrir un espacio de preventa antes del lanzamiento.

Contacto: Si quieres ser de los primeros en probarla, apoyar el lanzamiento o sumarte a la preventa, escríbeme por los medios de contacto del sitio.

Cacao de origen: el punto de partida

El cacao de esta receta no es un ingrediente cualquiera: es cacao selecto, seleccionado grano por grano en la finca Proksanty, en Nilo (Cundinamarca), durante un viaje que también quedó registrado en este blog. Ese viaje al origen del cacao es, literalmente, el primer capítulo de esta historia.

Si eres de Tocaima, si conoces la receta ancestral de la chucula, o si simplemente quieres ser parte de este lanzamiento en las Ferias de San Jacinto, escríbeme. Con gusto te cuento más.

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